martes, 18 de diciembre de 2007

Carta Confesión de un Futuro Probable.

Ella siempre rechazo mi poesía aunque al principio eso eran nuestros abrazos, aunque la cantidad de eventos casuales que nos unieron, tenían más de milagro, que de mesa o silla o normalidad. Yo no se porque la quise tanto, pero me imagino si porque la sigo amando: nadie tan desafortunado como yo para querer algo tan marcado por la distancia, nadie tan mequetrefe como yo para anhelar cosas indebidas, personas tan terrenas que es difícil seguirles el paso, sobre todo para fantasmas como yo. No todo ha sido lindo, asumo que gran parte de los defectos de la extraña unión fueron provocados por mi, mi frustración, la estrella fracasada que se posa en mi cabeza. Pero yo la quise y la quiero aunque pasen los años, porque siento que me hundo, porque nadie puede tocarme tanto sin tocarme siquiera, sin alcanzar a entenderme, nadie me ha dicho tanto en ausencia de palabras y nadie ha derrumbado mis montañas de suspiros con tan pocas de ellas y yo me pongo a llorar y a gritar de frustración. Era tan inocente, tan delicada, pero en su dureza nunca hubo odio, era decepción. Imposible seguirle los pasos a la antipoetas. Pero yo la quise y la quiero aunque pasen los años, porque nadie más me hará ver el tamaño inmenso de mi ego y mi egoísmo de manera tan magistral, y enseñarme a ver la hermosura escondida de las cosas que se pueden tocar, de las cosas que se hacen, de las cosas que se beben, de las cosas que se comen. Siempre tuve miedo de perderlo todo, siento que lo perdí todo aquella vez. Nadie con tamaño poder para hacerme sentir tan equivocado, bajo, indigno y al mismo nadie tan inmenso para hacerme sentir tan afortunado. Claro que en mi condición de fantasma comenzaron lo errores, los abrazos y los besos, los hechos materiales que comprobaban mi existencia comenzaron a traslucir,no afectaban a nadie, se pasaba de largo entre medio de mi plasma fantasmagórico. Nadie tan dulce como para despertarse desesperado de noche y sentir la paz de abrazarla, de que aun no se ha ido, y al mismo tiempo sentir el dolor de saber que esto siempre pretendió finiquitarse. Era un monstruo inmenso que contenía la absoluta posibilidad concreta de existir en completa armonía con el entorno, y yo apenas un pequeño manantial de rebeldía incoherente, inefectiva, fútil, frígida e impotente. Era el pequeño pedazo de tierra que nunca me dieron, la cosa más físicamente posible que poseeré jamás. Es que en la normalidad de sus actos, lo circunspecto de sus comportamientos nadie podía sospechar la inmensa pasión de su rigor, de sus exigencias, del convencimiento propio de la justicia hecha con manos propias, no se podía sospechar dentro de esa carátula mentirosa el desenfado parsimonioso de su intimidad, la forma suave de besar, la alegría inmensa de los colores de las cosas pequeñas. Yo la quise y la quiero aunque pasen los años, y si cuando la vi por primera vez no pude dejar de verla, como voy a dejar de verla después de haberla visto durante tantos segundos más, aunque esta vez tan cerca mi, que no solo la veo siempre, si no que viviendo conmigo.

2 Mapaches:

M@R dijo...

hola,,,
si es de tu gusto vota por mi en
http://dosamigasiguales.blogspot.com
solo hasta el 12/31/07, dale a VOTAR y listo, gracias,,,
un abrazo,,,

Marcela dijo...

Te lo dije allá (en amor)
y te lo digo acá (que quería ver tu blog)
Muy lindo relato

Saludos

Mar

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