miércoles, 7 de mayo de 2008

Prólogo y Novela

Soñé con una novela que tenía un prólogo, o quizás, era un prólogo ficticio que también era parte de la Novela. Quizás el Prólogo haya estado tan mal hecho, que terminaba por contar toda la novela en cuestión. En cuyo caso, sería mucho más conveniente leerlo al final. En ese supuesto, el Prólogo no era más que un epílogo en un lugar incorrecto. Pero no. La Novela, era una muy buena novela que hablaba sobre todo de la perplejidad de la nada, de vidas circulares y de perseguir el viento y seguir viviendo. El Prólogo entonces no podía referirse sino a su falta de argumento, o quizás, a lo totalizante que resultaba ese mismo sin sentido. No lo recuerdo. Soné con un prólogo en una novela que la invalidaba, pero al mismo tiempo le daba un sentido completamente distinto, haciéndola diferente y al mismo tiempo más mala, más mala de lo que hubiera sido sin el. Quizás el Prólogo y la Novela conformaban un unidad indivisible que tenia un sentido simbiótico. Quizás, en todo caso, no correspondiera la diferencia entre prólogo y novela propiamente tal. Quizás, soné con un autor que se prologaba así mismo inventando a otro autor en todo el sentido de la palabra crear. Es decir, no creaba lo que decía este autor ficcticio sino que más bien determinaba en una especie de computador, su vida, sus lecturas, sus preferencias intelectuales que, en una combinación azarosa proveniente de la circunstancia y el tiempo, daba como resultado un comentario no-propio de su propia novela, pues no se ceñía ya a la libertad de sus posibilidades creativas, sino más bien a las estrictas pautas de comportamiento y pensamiento del autor ficticio. Quizás no. Soñé con un prologuista que prologaba una novela inexistente. En cuyo caso ¿El mero prologo se constituía como una novela? Quizás años más tarde un curioso adolecente -o adulto- encuentra este prólogo que prologa una novela que no existe y decide crear una novela acorde a este prólogo que algunas vez escribió uno de sus antepasados. En ningún sentido soñé con el sentido del prologo. Por lo que, quizás, lo lógico sería desechar esta última tesis. Aunque cabe también que no haya soñado tampoco con el argumento de la novela. Sin embargo, es de suponer que el prólogo se trataba así mismo sobre la perplejidad de la vida en la vida real y de como había acertado el autor, en la estructura de su relato, en la representación estomacal de esta irrealidad o realidad o realidades o ficción. Por las características del sueño, tanto autor como prologuista se llaman así mismos autor y prologuista respectivamente -aunque en una revisión posterior esto se percibe de una ambiguedad terrible para las posibilidades de dilucidación del caso "Novela y Prologo"-. Así, la novela, llamada novela, era firmada por "el autor", mientras que el prólogo, llamado prólogo, firmado por "el prologuista".. Esto no es necesariamente cierto. Quizás era el autor quien firmaba el prólogo. En cuyo caso, seria el prólogo la novela y no la novela misma. En este mismo sentido, era el prologuista quien firmaba la novela lo que la configuraba como el prólogo o epílogo. Quizás, esta sea una de las tesis que menos utilidad tengan para la dilucidación del suceso, puesto que, no solo confunde ambas partes, sino, las funciones de cada cual, agregando simultáneamente. la existencia lógica de otro elemento: un epílogo. En cuyo caso el problema no se produciría entre un prólogo y una novela sino el de una prólogo con un epílogo o el de una novela firmada por un prologuista y un epílogo firmado por un autor.
Quizas ese sea el error. O la explicación de todo cuanto conocemos. Dágaro Nircija Elas. Septiembre de 2008

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