lunes, 28 de julio de 2008

Razones

El perfil, el enorme conjunto de particularidades que te conforman. Débil, agua, silencio. El temor, ese espacio vacío entre dos objetos que se encuentran: uno inamovible; otro, imposible de detener. O el humo, o la retórica especialista, ridiculista, repetitiva de la democracia -falsa-. El excremento cerebral contra el que combatimos paralelos e indiferentes. La fe, la creencia en el orden , la obediencia al Caos. Esta enumeración de motivos o razones, esta incoherencia. Tu estética misteriosa, mi vagabundeo presencial. El origen arbitrario, el cuadrado de las cuatro esquinas en invierno. Y el otoño, como olvidarlo, que no será el último, pero que está vendiendose al mejor postor -o impostor-. Pablo de Rokha. Las semejanzas de Rabelais con Kafka, de Pantagruel con K. Mi ignorancia, mi insufrible vanidad.

Las madres que se agolpan. Tu madre en un día de lluvia activando el circuito de las obras que confirman emociones por las que cualquier ser agradecido -o humano competente- se sonreiría para luego pedir la palabra en una reunión familiar y levantar la copa -pese al exceso ya- en honor a esas obras.
Las cajetillas de cigarro que se vacían, que se acaban. La marihuana verde y de otros colores y de otras procedencias. La inteligencia de la circunstancia y de los amigos que se disfruta, que se extiende como nervio por todos los argumentos y las palabras escritas y habladas... esa exquisitez.
La fragmentación del continuo para
trascender. La teorización de la inutilidad. La antología agonizante del borde de tus siluetas -y tus piernas y todo lo demás-, aunque yo te perciba total. La diferencia entre el abismo de "estartuahí" y el abismo de "noestartuahí". Aunque la palabra "tu" sea tan descabellada -como un pedazo
de polipropileno-, aunque un imperceptible "nosotros", muy de vez en cuando, aborde ingenuamente la menos grata de todas las desesperanzas. La guitarra, y la comida. La ceniza y el sonámbulo hombre que escribe bajo la enorme casaca negra y peligrosamente cerca de una estufa a gas del mismo color.

Razones. Puras y abstractas o impuras y concretas: animales. La carencia -o las carencias-. La mala comprensión de ciertas palabras o conceptos o formas de vivir. La filosofía de la conveniencia para evitar la
autodestrucción que demanda la mas rigurosa de las lógicas. Y el mar, sustancia deseosa, ardiente, imposible. Imposible como rodear, o como entrar, o como intercambiar fluidos cuando el mundo esta a punto de desaparecer y yo solo existo porque estoy en ti y tu no desapareces solo porque puedo palparte y olerte y resbalarme por tu piel o sumergirme en la distancia inagotable que se alarga y se hunde mientras todo vuelve a su anormal normalidad.

Así, espero en este helado lugar, algún punto que sea eterno para mirar para siempre algo que no sea tu y un soplo -algún soplo- indefinido -algún soplo indefinido- confunda las palabras, de manera tal que dejen de existir razones -¿las razones o estas razones?- por las cuales seguir avanzado a tientas o, más bien, seguir disfrutando a oscuras el sadomasoquismo delirante del juego entre el esperarte y el azar.

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