lunes, 25 de agosto de 2008

Relato de ebriedad

Un relatoema, una combinación de muerte, de pesadez, de ojos cerrándose de sueño. Una equivocación debido a la combinación mortal entre marihuana, vodka, vino y ron. Un beso lleno de odio, de despecho, de insensatez, un hombre ebrio besando, moviendo la lengua de una manera ebria, una lengua ebria ¿Todas las lenguas son ebrias? Diluyéndose en la retórica poética sobre los malditos y Rubén Darío o haciendo preguntas sobre la belleza estética de una nariz o un pie ¿Todos los pies son feos?

Cierta grandeza que proviene de la habilidad de hacer creer. Cierta habilidad de transformarse como un camaleón o transformarse en El Camaleón, mientras las preguntas, el equívoco entre el ir y venir, entre el desinterés de los otros por hablar de algo relevante es asfixiante, ahogativo, quien sabe... todo devine al fin y al cabo en poder. Y el poder no es más que violencia, la violencia es lo que somos, es la sangre lo que realmente somos, la muerte, la cosa esa que acaba, y comienza en poder. Todo lo demás, todo lo que sobra -que en realidad no sobra, sino que mas bien no existe- es hermosura, es belleza, es ficción.

La lengua del hombre ebrio moviéndose dentro de la boca de una mujer azarosa, de una mujer que raya paredes, de una mujer que tiene rabia porque cree -o cree saber porque-, o más bien, que tiene rabia porque no tiene idea de nada, porque su imaginación es limitada y cree aun, en estos tiempos peligrosos, en la confiabilidad de los hombres, en la boca de los hombres, en las palabras de los hombres, cuando, en suma, y como ya hemos repetido no hoy, ni ayer, si no que siempre, todo se resume a poder, a verga insertándose en vagina.

¿Por qué, entonces, repartir como panfleto los labios de esa manera tan horrible? ¿Para qué, entonces, ese hombre ebrio que mueve su lengua al ritmo de una música horrorosa dentro de una boca que no se recuerda a si misma, dentro de una boca que no se conoce a si misma, ni ella en si, ni ella en sus posibilidades, en su extensión?... digamos tiempo, digamos tal vez, recordar, para que recordar, mejor olvido y volvamos a decir digamos tiempo, digamos tal vez.

La mujer oscura y sonámbula sin posibilidades proyectivas, aunque, a veces, digamos, muy pocas veces, emergen unas pecas, uno que otro labio informe, una cosa más parecida a una pintura de Picasso que a una pintura de Da Vinci, o peor aun, una cosa más parecida a una pintura de Matta que a una de Picasso, y eso, por dos cosas, la primera mi ignorancia total con respecto a pintores, la segunda, porque me gustan los lugares comunes puestos en un "donde" equivocado.
Aunque, a veces, emerja cierto sabor a boca que masca chicle, cierta boca que "mira" el error del hombre ebrio moviéndose  -aunque no haya duda- entre el hacer, el ser y el destruir.
Cierto ahogo de la inconsciencia, cierto placer en esa especie de herejía, de blasfemia, cierto lamento bucólico o cierta estética de fiesta mexicana, de alegría mexicana, mirándose los unos a los otros, debatiéndose por la mas hermosa de la fiesta y, en caso contrario, disparar a matar al ganador, destruir las canillas, mientras, la desesperación de no tener lo que se quiere evoluciona a una ira ciega que golpea y rodea, que golpea y rodea... Aunque, también existe la no-violencia que terminó por hastiar, que derivó en desinterés o, más bien, no hay nada violento, no hay nada sangriento que no tenga en sí mismo el interés total de la humanidad. Es peligroso entonces, cuando no hay sangre, cuando no hay algo, porque motiva la inmovilidad, motiva el desgano, la rutina. Y Ese Beso Ebrio, esa Locura Ebria, es bella por su sangre, no por su cuerpo, por lo poético que es sacrificarse pensando en la ficción de hacerle daño a otro dando un beso, pero que en el fondo no es mas que hacerse daño a uno mismo humillando la propia alma mutilada por lo derroteros de la basura clandestina que pulula en todas partes y que no vemos, sino que meramente percibimos y cargamos como los burros cargan eso que no saben que llevan y que no saben donde lo llevan.

La mujer, oscura y sonámbula que ataca o que se compromete con su boca a ocuparla como El Otro, el odiado-amado, ocupó la suya en lugares equivocados. Aunque el error es más bien, una ficción que proviene de eso que pasa cuando creemos que eso algo es nuestro, cuando lo único que en realidad pasa es que somos nosotros de nuevo y nada más o nada conocido, un espejo en los ojos del otro, un espejo de nuestra desgracia, un espejo de nuestra miseria.
El valiente que lleva al limite las situación hasta forzar la desaparición de las hojas blancas, o hasta forzar la desaparición de la existencia de los besos sin sangre y pretende con eso la extensión de la existencia de los besos ebrios, la permanencia de la exageración de la vida hiperbólica para morir, de la vida hiperbólica para morir, de la vida hiperbólica para morir, es quizás, lo único no lamentable, de que el hombre ebrio haya estado en ese lugar, a esa hora, besando la muerte con los pies y con los ojos cerrados. Salud. Adiós.

0 Mapaches:

Publicar un comentario

Mi lista de blogs

Seguidores