miércoles, 7 de enero de 2009

Relato Sílfico.

Y sopló. Aparecieron las arrugas y los dolores de la muerte. La morfina que nos drogaba y nos dejaba en un estado lamentable, aunque aun podiamos sonreir y tener fe. Aun, si es que Dios nos lo permitía, podiamos sanarnos completamente. Y sopló. Aparecieron millares de plantas verdes que caian y caian sin tregua y sin preguntar. Rodrigo acumulo algunas entre su cérvical y la polera. A veces vendia papeles de regalo y terminaba el día de feria bebiendo cervezas en el lugar mas peligroso de la ciudad, junto a ladrones y lanzas, asesinos y narcotraficantes. de alguna extaña manera el día de feria nadie le hacia daño a nadie, una tregua que emepeoz como leyenda y termino como realidad. Y sopló. las palabras no salian como antes y era dificultuoso concentrarse en una sola cosa, le dolian los ojos y la cabeza, no tenia ideas claras, o tenia muchas, pero no anotaba nada, nunca anoto nada, se sentaba y escribia y ahora no podía. Y sopló. Aparecieron unos fantasmas que miraban con sus caras del terror y las luces repodrucian la forma de sus gritos y sus llantos, sus lamentos eternos que no han encontrado descanzo, o alguien que los escuche y los acaricie. Nos morimos y nos vamos. Nadie puede decir lo contrario. Y sopló. una actriz porno comienza a escribir su vida, mirando uno de sus últimos atardecer en alguna playa de Los Angeles, California; ha decidido acabar con su vida, demasiado semen para una boca, se le trunco el alma y ya no sabe lo que es amar. Y Sopló. Le tomo la mano por debajo de la mesa mientras debatian con unos mexicanos sobre literatura y politica zapatista. Lo invitarón a él y no pudo evitar pensar en ella cuando tuvo clara la hora y el día del asado. Cuando ella tomó su mano por debajo de la mesa, el la miró y sintio de nuevo, como tantas otras veces, que estaba conectados de una manera extraña y al mismo tiempo, que la mente puede hacer muchas cosas. Y sopló. Y sopló de nuevo y volvió a soplar y seguia donde mismo: Dibujando sombras en el aire, abrazando arena sin humedad. Y sopló. Le impresionaba la dureza de aquel hombre que ya no lloraba, ya no sentia. La empatía se le perdió en algun lugar del mundo o decidio transformarla en rabia, para cantar por los caidos y los vestidos de negro y los que viven en casas chiquititas y los que comen su propio excremento porque no hay más que comer. Y soplo. Cosa curiosa, de tanto soplar, aunque él creía que esto no sucedería, se mareo y se desmayó. Un placentero hormigueo recorrio su cerebro, por lo que sintio el mismo hormigueo en todo el cuerpo. En la inconsciencia vio dos cosas: las que queria ver. Una piscina que miraba, es decir era como un ojo, pero no, era más bien piscina. Ya saben, cuadrada, profundidad considerable, agua clorificada, luces, escaleras. Lo extraño era que la piscina miraba, miraba hacia el cielo, y el sabia que miraba, y sabia que la piscina pensaba que cuando miraba el cielo se miraba a si misma, así de grande era la vanidad de la piscina. que no discernia su inmovilidad de la profundidad de su observación. Aunque no, mientras rondaba al rededor y sonreía porque la piscina no se percató de su presencia, de él visitante observador, pensó que quizas la piscina estaba asustada y miraba el cielo porque rezaba por ayuda, o era el agua que no sabia porque estaba asi, tan cuadrada y tan honda y tan clorificada y tan limpia... Lo segundo que vio mientras estaba desmayado, fue algo parecido, vió el horizonte. Se vio a si mismo en una playa, quizás la misma playa donde paso sus últimos atardeceres la voluptuosa actriz porno, o quizas, en el mismo día en que ella llegó tristísima a escribir su vida para autopreservarse (como las momias) y se encontró luego con ella y ella lo invito a follar a su departamento que quedaba unas cuadras más arriba subiendo por Ocean Park. Vió el horizonte y entendió que el punto que hay entre el mar y el cielo no es sino la confirmación de que mar y cielo son la misma cosa. Y sopló. Esta vez Rodrigo no supo que hacer cuando los tragos comenzarón a intranquilizar el ambiente. Al parecer, su amigo, el Cofla Cochi, estaba metido en un gravisimo problema con unos narcos, el trato de interceder, la tregua no podia ser rota por ningun motivo. Murió con una senda puñalada en el corazon. Y sopló. Le dolia tanto que lloraba. No soportaba el dolor y lloraba. Veia a sus amados y lloraba de dolor y de perdida, y de sorpresa. Nadie tiene la vida comprada, se decia. Apelamos a una seguridad que no existe, se decia. Lo único que puedo hacer con certeza es abrazar, se decia. Y sopló. Dicen que la muerte tocará tu puerta un viernes santo del algun año despues del 2010, si es que antes los hombres no se han matado por la escaces de agua que se viene. Y soplo. Que importa, total, lo comido y lo bailado no nos lo quita nadie. Y sopló. La actriz porno tenia buenisimos senos, grandes y reales, su mano apenas alcanzaba para aplastar y amasar esa sensualidad circular y ese pezon que le acariciaba la palma de la mano. Pensó que las muchachas como ella han de estar siempre esperando pollas de unos 25 centímetros, y temió un poco por el pobre tamaño de su penesito latinoamericanamente triste. Al final se rió, un cosquilleo en los testículos le indicó que no habia de qué preocuparse: esta noche el muchacho funcionaria bien. Y sopló. El fantasma triste se acercó al oido del padre Ramiro, y le dijo "soy tu hermano, he venido a contarte la verdad: Dios no es real", el padre Ramiro dio una agresiva y pavorosa media vuelta para ver quien estaba ahí, de hecho gritó "quien está ahí", al no ver a nadie levanto el crucifijo y comenzo a increpar al demonio en latin, el fantasma de su hermano escribio con la esperma de las velas su propio nombre, el de su hermano, el de su padre, el de su madre y hasta del perro que se les murio atropellado porque Ramiro en un descuido infantil dejó abierta la puerta. Estocolmo se llamaba el perro, no recuerdan muy bien porqué. Tenia 10 años el pobre Ramiro y 13 su hermano cuando atropellaron a Estocolmo. El padre Ramiro no escarmento con nada y el espiritu de su hermano no tuvo otra alternativa más que vagar y vagar por la ciudad sin esperanza de comprensión. Tristisimo el final de esta historia. La cambiaremos. Cuando el padre Ramiro vio escrito el nombre de Estocolmo en el suelo de la parroquia, entendió que en verdad aquella voz era su hermano, y canceló todas las citas que tenia ese día dispuesto a pasar una tarde entera escuchando voces y respondiendo a esos sonidos, para que el alma de su hermano se fuera en paz. Despues de haberse acompañado mutuamente en una extraña once, donde el padre Ramiro tomaba un té chino y comia panesitos con margarina y el fantasma trataba de recordar, a cada bocado o sorbo del padre Ramiro, como era que sabian esas cosas, el fantasma del hermano del padre Ramiro sonrió y un leve soplo se llevo su alma. Y sopló. Y cuando ellos venian del asado, se dejaron de cinismos y volvieron a besarse como debe ser. Y otros soplos fueron y vinieron hasta el fin.

1 Mapaches:

Ninfa oz dijo...

shaaa ke
estay bueno pa escribir

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