lunes, 12 de enero de 2009

W - E - A

    A veces solo se trataba de fumar marihuana y volarse del mundo. Otras, de poner las manos sobre el teclado e improvisar musica y letras para que la opresión del espíritu se derramará como un vaso de leche sobre un pasto humedecido por el rocio. Unos días quiso tratarse de acostarse en el pasto y mirar el cielo y sonreirse y entristecerse al mismo tiempo. Quien sabe si por la facilidad del acceso a su recuerdo o por la estupida creencia de que mirar el cielo no es muy distinto a mirar sus ojos. La tristeza, de todas maneras, era infinita, y la angustia terrible, pero no por alguna cuestion relacionada con el cielo. No, era otra cosa sin nombre y que pesaba en el estómago y apretujaba el pecho. No fue como aquella vez: una placidéz ataráxica que se expande. No, esta vez fue un sutíl veneno que comienza en el pecho, revoluciona la sangre (la calienta, la hierbe, la evapora) y espanta el sueño, mientras el cerebro funciona a toda velocidad por los múltiples e interconectados, subyugados y yuxtapuestos caminos del pensamiento, la imaginación, las previsiones terribles, las ensoñaciones.
    Eran las mujeres otra vez. Que, como siempre (para mi siempre hay un vaiven) iban y venian con sus cuerpos y la forma de sus compañias. Son hermosas, exquisitas. Es la práctica de su sensualidad y su conquista, su dulzura y su distancia, su inclinación a sentir pena. Y tambien, era la soledad magnifica y todopoderosa, incomesurable y al mismo tiempo compacta como el extremo de un alfiler que pincha y sangra la piel y se queda como dentro del ojo, terribles dolores oculares mientras el sol y el calor que se entregan y quitan los demas nos chamusca la carne y el olor a asado humano listo para ser servido por los canibales que nos rodean se huele a kilometros y llegan los perros, las hienas y los buitres, pero también, llegan condores que les ganan a todos los demas corriéndolos y matándolos con sus garras y su pico, aunque en el fondo quisieran no tener que pelear contra nadie y comerse al muertito junto a su familia condor, con condor mama y condor hijo. 
    Sin embargo, no hay posibilidades de acceso a una tranquilidad menos ficta que la de beber y emborracharse o algo por el estilo. Mientras, desde estas alturas o infiernos, podemos construir lo que queramos y decir todas las veces o mentir todas las veces o sencillamente elegir entre las posiblidades infinitas de construcción. Todo es todo. Lo unico que cambia son las graduaciones de las certezas, el peso social de las propias convicciones. Cosas que tratan de construir y de destruir porque avanzan y destruyen nada o destruyen el gérmen hermoso de un sueño débil, y callado y silencioso. Un sueño que mira con los ojos temblorosos y que baja la cabeza porque es tan débil que es incapaz de sostenerle la mirada a su propio soñador o incluso a un compañero del soñador que mira al sueño con condescendencia.
    La angustia sigue y cada respiro es un temblor y un dolor de cabeza.

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