miércoles, 8 de julio de 2009

El Cardenal de Santiago (evidentemente, incompleto)

Imagina el ojo del Ser que todo lo ve pero que olvida, siendo en el espacio universo hacia algo aún más desconocido que su propio pasado. Hemos de asumir, entonces, que poco sabemos de nosotros mismos y que ante la infeliz ausencia de origen buscamos en la historia las pistas para hacer de nuestra existencia un relato menos lamentable que el vacio. Pues, en el fondo todo es relato, y todo es historia y nada más. Aunque la fría pretensión de orden nos detenga en el café y en el pan tostado con mantequilla y en el humo de la conversación y el cigarrillo.
Esa esfera que es el Ser vislumbra lejos en el entorno limitado por los horizontes los colores en degradé que ha ido dejando su pasar ya fuera de sus límites. Y, entonces, el ser vuelve a extenderse sobre la nada en su dínamico movimiento que no cesa jamás. Vuelve a crear en una y otra dirección la representación de lo que "fue", tomando los elementos de lo que "es" para comprenderse; lográndolo apenas. La laboriosidad y la languidez de las hormigas y su voz y sus letras escritas en sus papiros acumulantes de la sabiduria de las edades, revoluciona y no revoluciona; avanza, deviene y apenas se nota. Entendemos, entonces,  la sabiduría del rey muerto que fue el más sabio de los hombres cuando dice que ay! de los que vislumbran el movimiento y aprehenden en sí el saber que esto implica. Ay! de aquellos que intentando escapar del común camino de los hombres, que según el rey es disfrutar del fruto de su trabajo y ha de ser realmente así, según lo visto en los días de mi vida, se iergen aún más lejos de lo que otros han llegado para expandir y para que el efecto mariposa haga del aletear de sus alas un torbellino provocado por los otros que recogeran sus reflexiones, logrando así algún grado de inmortalidad relativa que será menos que cuarks en en el año 1 de la tercera venida de Jesús el Cristo, que, crucificado una vez más en la perpendicular de las estaciones, por misercordia, no desintegrará el mundo al solo sonar de su palabra. Si hay Dios, es el Ser.
El movimiento circular de la esfera apenas aplasta, al contrario, nada escapa a la parsimonia bellamente estética con la que se mueve por el vacio que es nada y que es dificil imaginar. El Ser se compone; y para componerlo hemos de fragmentarlo, y en la fragmentación vuelve a perdérsenos la real signficancía o la completa representación de lo que hemos de decir. Que quizá, aunque pretensioso sea decirlo cuando apenas se lleva media hoja de golpes en las letras del teclado producto de la inteligencia del Hombre, sea: todo es construcción y no hay verdad.

El Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa les relata a los piadosos sentados en sus bancas bajo aquella arquitectura que quisiera representar la gloria de dios y tambien el miedo a la muerte, los efectos positivos que tiene la presencia de Jesús en nuestras vidas, y con su voz piadosa, al igual que los rostros de quienes allí se congregan gesticula las ordenadas palabras según las directrices sobre retórica que aprendió en el seminario cuando apenas era un monagillo que sufría la culpa de no tener voluntad suficiente para evitar lo que sus lujuriosas manos intentaban hacer en conjunto con su aún más lujuriosa imaginación justo en aquellla encrucijada desde donde nace el miembro pudendo que hoy yace inútil bajo ese manto blanco de santidad. Y Su vocecita a penas sube su volumen cuando quiere parecer severa y luego, de un sopetón sorpresivo, acaricia el alma con las palabras del divino consuelo.
Yo leía uno versículos del libro de los salmos y sentía, como reminiscencia, la aúrea presencia de Dios siempre ausente en el agua bendita, y entonces volvía a entender el empeño de la humanidad por hacer de la ficción, evidente para cualquier mente entendida, la realidad. Aunque luego, comprendía o más bien recordaba, que entender la vida como un relato, es, entenderla como ficción. Sin embargo de esto último no estoy muy seguro. Mi intuición me ha guiado hasta estos equívocos y lo cierto es que, llegado a este punto del razonamiento Ser-dinamico-relato debería ocuparme más profundamente en la palabra ficción y o u en su pertinencia. Amen.

No me santigüe en serio allí, ni me he santiaügado con fe en ninguna otra parte-tiempo. Aunque he tenido fe. Pero nunca he tenido fe en el santigüeo.
Antes de entrar en la catedral y sentir la brisa del espíritu divino hice el camino de costumbre, es decir, crucé plaza de armas en dirección oriente-poniente, admirando asi como al pasar, las extrañas criaturas que encuentran la paz entre otras extrañas criaturas en el centro de Santiago, muy distinto de Providencia, lugar donde la moda y la decencia de oficinistas, cafés, happy hours y adultojevenés de publicidad televisiva encuentra territorio fértli para el pequeño pedazo de ficción que en conjunto se procuran los seres que esos lugares frecuentan.
El imán celeste fue el que dirigio mis pasos hacía la catedral, lugar en el que nada interesante ocurrió sino dentro de mi mismo, centro vernáculo de perfídias y fantasías sin par. De todas maneras tengo más ganas de relatar aquí el aroma a colonia inglesa y la gloria del pasado que se intuia bajo la grasa y la gomina del cabello de un mago que maravillaba con sus manos habilidosas y sus ojos capotudos a los aburridos curiosos que volvían a desentenderse de su vida en la distracción que la prestidigitación les proveia. El mago intentaba vender unas cartas de tamaño XL a una sonriente audiencia que a su vez era mi espectáculo. El mago ha de haber tenido algo de fama algunas decadas atrás. Su edad bordearía los sesenta, aunque bien puede ser los setenta e incluso unos cincuenta muy mal llevados, pues tanto su piel como su nariz me indicaron las largas noches de farra en las que terminaba durmiendo en plena calle a la vista y paciencia de todos. Pero yo no lo veía así, sino que en su pasado volvía a la misma pregunta que me agobia desde que tengo edad: el sentido de la vida y la significancia del hombre. Lo veía entregando un lindo juguetito a una niña de tres años acompañada de su padre mientras este pagaba al mago mercader. Lo veia sonriendo y charlando con su audencia que se sorprendia y se sorprendia con la cantidad de artefactos que de su gran y magíca chaqueta salían. 



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