miércoles, 7 de octubre de 2009

IV (cuatro)

Cuando fuí individuo
y mi espalda era paralela al horizonte
sobre las rocas molidas hace millones
levanté mi brazo izquierdo, apunte hacia arriba y dije:
Soy hermano de ese vacio
y me derretia en la contemplación de las estrellas
y me envolvía en el manto negro
nombrando y renombrando la poesía de los poetas
entonces giré mi rostro hacia el océano y dije:
Soy hermano de ese silencio.

Las rocas, los agujeros, las montañas
los cerros, el huano, las cuerdas
el turbulento e insesante torbellino de si mismo
chocando contra si y contra las formas
dandole nuevas formas
el pasado que es el firmamento
la distancia, el nosotros
polvo y tierra, pasto, gusanos
y estiércol
una y otra vez en el espejo del oceano
una y otra vez
mi espiritu se iba para no volver
renegando y renegándose para ir más allá
más cerca del horizonte.

La libertad que fue paz y pureza
que fue orden en medio de las letras
que daban geometría al mundo
fue mostrándome su verdadera cara
y cuando entendí que algún día
tendría que morir
todos los torrentes fueron abismos
y cada segundo comenzó a contarme sus maravillas
y cada hombre me comunicaba palabras distintas
y cada gesto las ceremonias olvidadas que celebran la vida
y todo se volvió nostalgía por el orden
la vida era ahora y el ahora era
angustía, horror y sorpresa.

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