lunes, 14 de diciembre de 2009

VII (de la mentira del individuo)

Ya llegan galopando sobre el aire
el filo de las nubes que abriran una vez más
el tiempo y el presente dejando entrever
no solo los ormináculos de la carne
o las líneas y las tiras de papel en las que se posan las palabras
sino que brotarán los insectos deslumbrantes y variados
que hormiguean en los oceanos rojos intravenales
mientras la cabeza posada sin descanso
clavada en la melancolía
sobre girada por los caminos del futuro
admira a los fantasmas que produjo en su locura
recoge con las manos alzadas contra sí mismas
el relato que fabricó con la basura que le trajeron las orillas
y las ballenas muertas
y los cantos de las ballenas muertas antes de morir.

Y pude que las bellas sombras, los bellos misterios
abran los brazos para recibir el golpe
para que el rostro de lo conocido se deforme en el espejo
evolucione o salga de su capullo
o rompa las costras que detienen la explosión
o resurga del detenimiento para volver a la terquedad necesaria
a la soberbia absoluta en la que se mueve la acción
cualquier acción, toda acción transformadora
confiada en su dirección
o se asume sin tapujos, sin medias tintas
que hay veces en que es mejor caminar sin calzoncillos
y otras en que las máscaras son lo más conveniente
pero no aquí
no mientras existan los torrentes y los terremotos
no al menos mientras no se puedan olvidar las señales del destino
la fortaleza de los golpes del azar
la coincidencia de los papeles encontrados en el suelo
la tierra se abre y si la poesia no grita, entonces no lo es
el espíritu se levanta y si la poesía no la conquista, entonces ya murió
y quizás ya no hay esperanzas, pues, ya no habría hombres
sino que máquinas sin corazón
y nuestras balas son o nacen o vienen de todo el corazón
de nuetras pasiones desmesuradas
de los lugares comunes en los que nos encontramos
para olvidar y para crear
para chocar y para crecer como en la selva
como en el desierto
como en el mar en el que la vida triunfa
sin importar el tamaño de los abismos
o la locura de la oscuridad
o la ausencia de rayos de luz
o la falta de ternura.

Hemos de concederle espacio a la locura
no seríamos veraderamente fuego si la encerracemos en las paredes blancas
que las consesiones opresivas de la muerte
nos hace poner en la esperanza
de que sean veraderamente cementerios
aquellos lugares en los que mueren los elefantes...
Pero es necesario
es necesario que olvidemos los cementerios
es necesario que hagamos desaparecer a la muerte
que le neguemos su existencia de temor
que no asumamos que el miedo es la moneda con la que se paga la vida en nuestro siglo
es necesario despojarnos de nuestras seguridades y nuestras certezas
y empuñar en la mano el grito deslumbrante
maravilloso y dolorosamente alegre de la vida
la vida y los abrazos
la valiente sensibilidad que no detiene ningun torrente frente al dolor
que no le teme a la luz, a la electricidad lunática que cae desde los cielos
y confunde desiertos con oceanos
selvas con estepas furibundas añorando las montañas
Debemos saber que hay vida donde se presente la oportunidad de oxigeno
y de agua
y hemos de amarla más que a nosotros mismos
hemos de beber de ella el aliento que guiará la fuerza de nuestras conciencias
hemos de golpear mesas y mirar con el encanto poderoso de la valentia
de la determinación que merece nuestro siglo
solo asi hemos de transformar a nuestros hermanos que caen
día día en el abismo ignorante que el plástico ha puesto en las almas de la humanidad
desechemos el plástico, odiemosle, hagamos que el sol lo derrita todo de una sola vez
hagamos que la laba que nos quema
resurga de nuestras bocas
y que nuestros labios y nuestras lenguas no sean solo un grito
sino que los firmes brazos, las manos y los dedos con que nuestro espíritu unificado
agarra la realidad y la transforma
para asesinar con el orgullo de la amplitud de nuestras frentes
al egoismo y a la mentira del individuo.





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