martes, 4 de mayo de 2010

IX

Los hombres que han mirado la luna y las estrellas
se han vuelto locos;
Los que abrazaron el mar
abrazaron la muerte y el suicidio;
Los que se perdieron en el bosque
amaron más la soledad
que la inutilidad agobiante de las ciudades;
Los que se comieron los libros (aderezados con ketchup)
fueron exiliados y condenados a no sentir;
Los que creyeron encontrar en el vino una escapatoria
se encontraron errantes y sucios
en las cárceles que esconden los círculos
bajo las cloacas...
les llovía mierda día por medio.

Estos hombres no tenían miedo
pero tenían la cabeza al revés
y a veces desconfiaban hasta de su sombra
sumidos en una noctámbula paranoia
que las grutas sangrientas del hastío
no han querido tragar.

Estos hombres miraron a La Muerte a la cara
se masturbaron frente a ella
eyacularon en su boca
todos cantaron, todos tocaron instrumentos
todos lloraron de alegría y de tristeza
todos fueron desgarrados
una y otra vez por los tifones caníbales
de la multiplicidad del tiempo y la conciencia
pero La Muerte tuvo misericordia
y durmió complacida ante la música
que brotaba directa y puramente
de sus almas descabelladas
para escapar de lo fácil y vacío
de su misma existencia y su finitud.

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