viernes, 11 de noviembre de 2011

Capricornio

La bella capricornio

Colgaba de un manzano permanente.

Así, boca abajo, la sangre desmedida

Que hinchaba su cerebro

Pulverizaba todo desvío

Y concentraba, con agudeza,

Su atención hacia una nada

Que en una ciega tenacidad

Frotaba sus escamas

Con la muerte.

Marmórea, la orgullosa capricornio

Morada como una monja sin dedos

Farfullaba piruetas

Que evitaban hábilmente el abismo del deseo

Intrínseco monumento divino

Que su cavidad craneal alzó

Contra la sangre, para no vomitar jamás miseria

Para no conocer ni el hastío

Ni el malestar, ni la pobreza.

Colérica, la aterciopelada capricornio

Asomaba desde lejos sus ojos de cóndor

Extendiendo sus alas, plegadas de silencio

Para imponer el espanto de su rechazo

Decretando lo ineluctable de su indiferencia

Que caía gota a gota (revelando su naturaleza)

Deslizándose como musgo entre sus muslos

Entonces, la humedecida capricornio

Cementerio-fondo-lento-capricornio

Removía en sus entrañas uno que otro mecanismo

Sacaba de allí un blanco cigarrillo

Y pensaba por última vez

En sus posibilidades.

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