martes, 10 de julio de 2012

Humanidad mirando callejón


(Poesía escrita a cuatro manos con Francisca Brunet)

lamerse un poco el sudor del cerebro
para acabar azotando el cuerpo contra un vidrio empañado

Empañar el vidrio del colchón con el cerebro del cuerpo
para terminar anhelando otro que está lejos

y enterrarte a puñaladas la esponja del colchón destrozado
tirar el vidrio con olor a cuerpo descerbrado y así sí, a veces
aunque cruja un poco o cruja nada y todo a la vez

y así,si, así a veces, sencillamente ocurre un espasmo
en medio de esa alegría o de ese dolor
así ocurre, si a veces, cruje la piel y cruje el mundo
cruje la leche tomada cuando lactantes,
crujen las montañas miradas y crujen sobre todo
las rodillas gastadas en esas largas caminatas en la ciudad
y crujen si, siempre crujen, las totalidades de lo real (digamos por ser un poco froidiano)
Y así, cruje la enfermedad... claro
si no te cruje tu propio olor, estas enfermo
si no te cruje tu propia mierda, estás aún más enfermo.

y si cuando se derrama de a poco la lechecita en tu cuerpo
y aún así el crujido es leve
no duele ni perturba
es quizás porque se te pudre el instante de que tal vez sí
,era ahí cuándo
y no alcanzasi

Entonces. Después, una vez después. Digamos, dicho lo anterior.
Una muchacha se limpiaba las uñas del pie frente a mi
otra muchacha, anterior, poniase en cuatro para ser penetrada
un taxista contaba la malaventuransa de una vija ebria
millonaria y ebria y desamparada y miserable, repito
buscando la alegría solo encontró la escasa fama
burla de un taxista en una mesa de taxistas que bebian cocacola.

Se ponia a crujir todo, ya veniamos crujiendo
no había que convocar a los colores para entender que.
habían situaciones que no necesitaban crujir, digamos
hacer evidente su existencia para ser palpadas

Después, de alguna manera aparecieron los fantasmas
no era un delirio, no era una paranoia colectiva
no, en verdad entre nosotros, comenzaron a aparecer los fantasmas
los demonios. y tuvimos miedo y se apagó la luz
y comenzaron a moverse los objetos
y crujia, no habia alcohol, no había drogas
había una embarazada, se le mojó el vestido
un fatasma le apretó las tetas y comenzó a beber de su leche.
Mientras, cagados de miedo, algunos se reían del extraño
fenómeno, a mi se me  paró y quise lamer los pezones preñados
que, sin crujir, expelian leche, leche de verdad
leche materna,
y en vez de eso, me acurruqué
y acurrucado me la chuparon.





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