martes, 4 de diciembre de 2012

Teoría I


El poeta no necesita saber (el poeta sabe que nada es) qué son las metáforas para poder moverse en el continuo detenido momentánea y periódicamente, fragmentando sin detenimiento, por el lenguaje. Cualquiera podría escribir:
Europa ha muerto
Al fin, nuestros padres (nuestros padrastros)
Violentos y violadores
Han muerto
Al fin seremos libres de hacer con lo que queda de su herencia
Todo lo que queramos.

La teoría, en su soberbia, no quiere aceptar lo que ha visto hace mucho rato. Su poder de cambio ha terminado, sus servicios son prescindibles. Por favor, adelántese y entre usted misma al túnel lánguido y eterno y frío y horroroso, señorita.

La teoría ha muerto sin yesca,
Acabada mirándose el ombligo sin misión;
una mujer hermosa que se mira en el espejo toda una vida
para entender su propia belleza,
pero que  envejece sin ser vista.
Ha logrado distinguir claramente lo obsceno que hay en sus ojos,
lo extraño que inunda sus cejas,
lo misterioso de las curvas en sus pómulos.
Pero no vio el tiempo que pasa
Nadie se prendió de sus senos
Ni ella disfrutó la dicha violenta
De la  Nada.

La teoría no alcanza a usar la infinitud de sus distinciones para lograr algo concreto con ellas ¿Qué oscura vanidad es la que la mueve? ¿La europea y dañina enfermedad de la voluntad de poder?

Reyes inmensos debatiéndose entre el frio ardor de las espadas
Y el lamento escondido de la muerte de los sin lengua.
Buscando tierra y alimento crean el delirio
(Distante antepasado de este delirio)
Sobre otro delirio que es el mismo.
La Razón de los reyes que de mero pan
Devino vanidad y absurda violencia.

La norma jurídica es una de las caras de esta farsa. Mera intuición de farsa. Hipérbole: acaso extremo, acaso terrorismo de la conmoción para producir movimiento. Yo los vi. Es terrible la vanidad absurda de los abogados. Es terrible saber que antes de la universidad se pierde el tiempo llenándose el cerebro de barbaridades sin profundidad y que en la universidad se sigue repitiendo para obtener la legitimización social. Pero el conocimiento profundo de las funciones de la norma tiene más relación con el conocimiento semiótico de lo que esté último guarda con la poesía. Es decir, nada tienen que ver con la vida. Es decir, es un argumento más del poder. La deformación del poder. La ambición desmesurada de control que no lleva sino a la subdivisión infinita. Al desamparo total, a la desesperanza. ¿Y para que insistir si es tan claro que más allá hay un abismo aún más ficto que este mismo delirio? ¿Por qué dejar la vida misma ahogándose en la auto negación por un esfuerzo que se mueve tan distante, tan allá de lo que ocurre acá? ¿Qué oscura vanidad lo mueve? ¿Qué suprema ambición conmueve de tal manera el intelecto que una sola pregunta es capaz de fijar tan perenemente un objetivo claro, cierto y conciso? ¿Para qué trazar líneas sobre la evidente esfera en la que nos movemos? ¿Cuándo llegará el día en que el conocimiento sea lo que es la vida? La Razón, por su misma primitiva obsesión con el Poder, hasta hoy, se ha movido encima de la Muerte, esa sustancia inamovible que da fin a todo el Tiempo (Vida), quien sin dejarse herir por su magnífica enemiga insiste. Una sustancia inamovible enfrentándose a una fuerza imparable. Cada choque con la muralla de la muerte y el miedo (el demonio poderoso que habita en la comodidad de nuestros asientos y en la cama tibia de la autocomplacencia) produce experiencia. Esa experiencia vuelve hacia atrás por encima, por debajo y por el lado del torrente, que es un cilindro. Pero no vuelve sino en forma de Arte o de palabras cotidianas, el amable concejo del amigo o del amante que comparte desinteresadamente la forma en que percibe el mundo. Nada capta mejor lo imposible de captar. La soberbia del Arte reconfigura el mundo, aunque es, simultáneamente, un resultado de la infinita red eléctrica, el mar eléctrico, la atmosfera que hace ver en el individuo otra mentira más.

Europa ha muerto
Levantemos un dios de oro
Fundamos nuestras joyas y adoremos a nuestro propio dios
Asesinemos a Moisés antes que vuelva a imponernos sus tablas
Dios es siendo nosotros.

Hemos de confesarlo, la ambición del poeta es descabellada, ¿pero acaso no lo es la vida?

La muerte de la razón significa el fin de los delirios. Es el espeso y peligroso paraíso al que los hombres se han acercado en las buenas palabras de aquellos que aman a la Humanidad.

!3 de noviembre 2010

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