viernes, 13 de septiembre de 2013

Poema dadá

“Si verdaderamente es potencia de ordenar los cosas, potencia de poner en serie los fenómenos, el punto de vista es condición de surgimiento o de manifestación de una verdad en las cosas”
Gilles Deleuze[i].
            Entonces, así, negro como la sombra del esqueleto
            Puesto en algún lugar desconocido
            Aislado por todos lados franqueado de paredes
            Gatos, mujeres, borracheras
            Persiste un ciego asombro por las ventanas innombrables
            De rayas y tigres odiando la falta de
            Rojos ríos rosas ríen rayos QUE
            Fueron fuertes fuentes faltando falsos al
            Tonto torpe trueno traumático QUE
            Salta silencioso santamente sondeando la sanidad del
            Mar muriendo meloso
                                               Y desamparado[ii]
            Un hoyo:
    Falto de semen
                        Desperdiciado en manos
            Y en boquitas, en conchitas
                        Y en culitos
                        QUE
            Tantas neuronas neuróticas adictas a toda distracción
Para no rugir ni restringir rigiendo y rodeándolo
            A él, elefante, elemento no incandescente
            Apagado y apartado del desamor
            De un gato;
Ron[iii] ronroneando semidesnudo
QUE
            La mano mueve tristemente (los tigres que tristes tragaban en el trigal)
            Ante la completa y absoluta y angustiante
            Falta de sangre y carne
                                   De carne y sangre
Arropado de ese frío en el olvido de las máquinas
            Que le alejan de la pulga revoltosa que molesta
                        Acumulando paja, sueñi, rabia, angustia (holi-chai)
¡Ficta! Filositosis multiorgásmica de todos los colores
                        Para volver y ser
            Niño transparente desde el cielo mirando un triciclo
            Como el grillo tan ruidoso enorme de los conjuntos
            Que muelen el aire del río y conciben
            Las sudestadas enormes que son el alivio
            Empollando lo divino  y lo profano
            O cualquier cosa que más dadá.[iv]




[i] 28 días después del nacimiento del artista, un domingo 16 de diciembre, Deleuze habló de esto en aula llena de parisinos y uno que otro inmigrante. Un ciclo lunar de luna llena a otra medio vacía por la carencia de nacimiento ¡tanto nacimiento! Un ciclo lunar
                                                                              Un ciclo lunar
                                                                                              Un ciclo lunar.
                Era domingo. Queda bastante claro que ese era el púlpito de Deleuze empotrado en la Iglesia de los Gilles. Y Deleuze empieza con lo mismo que Dios.
[ii] Pareciera Perecer Pero Padece de Pereza Para Poder. Posiblemente podando pasto persuadido por el Padre perecerá. Pero la paz penetra primeramente en pobres patanes sin prestancia para primar en la plastificada pretensión preHumanitaria.
[iii] Ron se llamaba el gato.
[iv] Sobre los últimos tres versos, el artista cree percibir, más bien, el artista, completamente seguro de que la cadencia final puede, muy bien, tener dos soluciones, ambas correctas, cree que el poema en su totalidad se merece sólo una. La versión definitiva es la más arriba señalada, pues es esta la que produjo la misma escritura del poema. El artista, generoso con el lector, ofrece una segunda:

                Las sudestadas enormes que son el alivio:
                Empollado en sí, lo profano y lo divino
                Cualquier cosa puede ser, que más
                Dadá. 

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