sábado, 1 de marzo de 2014

La mesa blanca en la que escribí este poe

Ma sonaba un pito algo como una música de supermercado
me molesta
el abajo caía más abajo y el único viento venía

ahora si pareces hombre
que te veo con toda la sombra de la luz
ahora si pareces hombre

me miras con el agujero de tu ojo que no ve
y yo bebo de las manzanas, de los frutos de la tierra
como si fuera un condenado sin
la palabra condenado
qué es eso
como el mal sonido
como el mar rabioso
pero no, como la roca, la última roca
y si
pero las rocas, no tienen tetas
de colores, tetas de colores y gigantes
aquellas que mi boca
yo bebo agua de mar
me trago al seco el mar salado, todo el océano pacífico
luchaba con él, nada me importaba
y si fui o creí ser la luz, me equivocaba
¿Sabes quienes son la luz?
mis amigos de ese entonces
hijos de pastores como yo
carentes de ambición y de conciencia
crear campos de fuerza espirituales es demasiado fácil
sobre todo si no tienen efectos verdaderos…
un drogadicto se salvó
de doscientos…
lo mismo que en la medicina
un hombre que iba morir
se salvó
de los seis mil millones que si o si van a morir
Yo te digo, cree en mí que soy la verdad
cree en mí y págame por los libros que, diciendo la verdad, voy a producir,
cree en mí y alguien más te chupara la tula
la verga
y no solo eso, podré decir cual es el secreto verdadero,
no ya de la felicidad o del VERDADERO valor del ocio,
sino que te diré la verdad de cómo ser rico
1. Para ser rico tienes que llamarte Ricardo.
2. para ser rico tienes que apellidarte Cobarrubias
3. Que tus amigos, inteligentes e ingeniosos, esos que juegan a la pelota contigo, compactando tu nombre, deduzcan, producto de un episodio, brillante y total, alquimia del jugador de barrio que te llamas Rico (Ri por tu nombre Co por tu apellido), y tendrás once años, y ocho, y entonces serás Rico, el seedorf pobre de los ríos de Amsterdam.

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